Un mundo interior

 

Cuando observo un arcano, cuando miro los detalles y me concentro en la ilustración. Cuando lo miro y lo hago mio. es cuando se abre la puerta hacia la visión. Es cuando uno cae, se da cuenta en que cada uno de los detalles que llenan el dibujo están ahí con un propósito, con una intención, no son casuales.

 

El creador de ese tarot los ha puesto en esa lámina por una razón, y es una razón universal, intuitiva que nos da la información necesaria para poder alcanzar un verdadero entendimiento de la situación y de lo que vendrá.

 

Lo mismo puede sucederse contemplando una obra maestra, paseando por los pasillos de un gran museo, o escuchando una pieza de música. Nada es casual en esas creaciones. ¿Por qué iba entonces a ser casual la más grande de las creaciones que es el Universo? Dejando de lado si hubo una consciencia creadora, o el nombre de esa consciencia, todos intuimos que en la Naturaleza los procesos siempre siguen unas leyes naturales muy concretas de causa-efecto, entretejidas de maneras que pueden parecernos muy complicadas, a veces, o sencillas otras. Todos conocemos por las Ciencias Naturales, que unos seres se complementan con otros, o se alimentan de otros haciendo que los ecosistemas se complementen y equilibren

 

Todo, absolutamente todo, esta regido por las leyes de la Naturaleza, todo es causa-efecto. El gran problema de la humanidad es ese todo, es poder unificarlo, es poder comprendedlo, y sobretodo dominarlo, construyendo un mundo artificial que nos va alejando de la conexión natural. 

 

Es en ese momento cuando el ser humano se vuelve hacia sí mismo. Al tener la consciencia para el análisis, el sujeto que más interesante se vuelve es uno mismo. Como ese científico que el final prueba su propio descubrimiento en él mismo.

 

Al mirar a nuestro interior podemos identificar las causas y los efectos que persisten en nuestra mente, que configuran nuestros pensamientos y que influyen en nuestros actos y en la respuesta de los actos de los demás hacia nosotros o hacia otros.

 

Llegado a este punto, uno solo desea ser el Amo de Uno Mismo, controlar lo que nos sucede en el interior, analizar nuestra propia mente y nuestro espíritu, es conocerse a uno mismo, el lema del templo de Apolo.

 

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Y es allí, en ese momento, en el que mostramos desde dentro, lo bueno y lo malo. Nuestro carácter, los hechos que nos conformaron, sus causa y sus efectos, y sobre todo la forma de reaccionar ante lo que nos sucede, lo que nos llega desde fuera, es lo que nos convierte en sabios, esa naturaleza que persigue una sabiduría que va más allá de los placeres vanos, como decía el gran Spinoza, más allá del placer material, de la fama y la riqueza, se encuentra la verdadera felicidad. 

 

Y es que nada es casual, todo es causal. Y Spinoza nos enseña que podemos romper la rueda del dolor, la de la reacción. Controlando el efecto, controlando la reacción.

 

 

Para llegar a ese mundo interior que todos tenemos, sin juzgar, sin miedo, como contemplando una lámina llena de ricos detalles que están ahí por algo, que nos hacen ser quienes somos, conociéndonos a nosotros mismos para conocer a la Fuente, al Todo, al Uno, o a este maravilloso Universo que nos alberga. Somos el Universo contemplándose a si mismo, y tanto dentro de nosotros como fuera rigen las mismas leyes.

 

El viaje hacia el interior de nosotros mismos nos hace mejores, y como efecto lógico, hace un mundo mejor.