Zen, en busca del verdadero ser

“Los que saben no hablan, los que hablan no saben” (Proverbio Zen)

Zen es una escuela budista que surgió en India y se desarrolló en China, que tiene como objetivo tomar conciencia. En occidente, esta filosofía está íntimamente relacionada con el bienestar mental y corporal y, en los últimos años, se ha hecho muy popular. Las razones por las que el Zen se ha extendido por Occidente de manera rápida se pueden buscar en la crisis de los valores occidentales, en un crecimiento desmedido del materialismo, que a su vez no trae más felicidad y que hace que las vidas de muchas personas estén llenas de objetos, pero que en su interior se sientan vacías.

El Zen no es una religión, ni tiene un Dios, pero tampoco lo niega. 

 

LA EXPERIENCIA ZEN

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Zen es tomar conciencia de la experiencia cotidiana de vivir, por lo mismo no es nada especial. El Zen ante todo es experiencia, practica, conocerse a UNO mismo. Es uno de los tantos caminos que existen para encontrar la verdad y poder comprender que somos parte de un todo, del Universo.

El Zen es abstracto e incomprensible en apariencia pero a la vez es sencillo y evidente.
Si se realizan con la atención y disposición adecuadas, barrer el suelo, preparar un té o moler arroz pueden ser Zen.

El Zen es belleza, serenidad, armonía y vacío… Pero sin belleza, sin serenidad, sin armonía y sin vacío…

Las palabras son una limitación, aquí se halla el problema para describir el Zen. Resulta muy difícil explicar el significado de mirar sin ver, escuchar sin oír, pensar sin pensar o buscar sin esperar encontrar nada. El Zen se vive, no se explica. Para encontrar lo que hay entre dos pensamientos hay que buscar, nadie nos lo puede decir.
Es como dibujar una manzana, e intentar transmitir a otros lo que se siente cuando se muerde la fruta.
Hay que sentirlo, vivirlo, saborearlo, respirarlo, ya que de otro modo no existe.

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El Zen está siempre presente si se le quiere encontrar, en cualquier actividad, desde la más complicada hasta la más sutil. Es muy importante entender que aunque el Zen se haya desarrollado en el seno de una de las más antiguas tradiciones de la humanidad como es el budismo, no se trata ni de una religión ni de una filosofía. El verdadero sentido del Zen transciende ambas cosas aunque tiene que ver con ellas.
Es experiencia viva, pertenece a la naturaleza del hombre, su esencia es anterior a cualquier forma.Su mensaje es universal y por tanto está más allá de ideologías, sistemas o puntos de vista.

 

Apartándose del conocimiento teórico o intelectual, el en busca la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional.  La experiencia del Zen es, por lo tanto, la experiencia de la iluminación, de satori, y ya que esta experiencia, finalmente, trasciende toda categoría de pensamiento, el Zen no se interesa en ninguna abstracción ni conceptualización. No tiene ninguna doctrina o filosofía especial, ningún credo ni dogma formal y enfatiza su libertad de todo pensamiento fijo, esto la hace verdaderamente espiritual.

El zen emergió desde distintas escuelas budistas y fue registrado primero en China en el siglo VII, luego se dispersó hacia el sur a Vietnam y al este a Corea y Japón. Tradicionalmente se da el crédito de traer el zen a China a Bodhidharma, un príncipe convertido en monje proveniente de la Dinastía Pallava (de India del Sur), que llegó a China para enseñar una:

 

Transmisión especial fuera de las escrituras, no encontrada en palabra o letras.

 

El zen es una de las escuelas budistas más conocidas y apreciadas en Occidente. Con el popular nombre japonés zen suele aludirse, en realidad, a un abanico muy amplio de escuelas y prácticas de este tipo de budismo en toda Asia.

Pero la experiencia Zen puede ser pasada de Maestro a discípulo, y ha sido, de hecho, transmitido por muchos siglos por métodos especiales propios de Zen. En un resumen clásico de cuatro lineas, Zen es descrito como:

 

  1. Una transmisión especial externa a las escrituras.
  2. No sostenida por palabras ni letras.
  3. Apuntando directamente a la mente humana,
  4. Mirando directamente a la naturaleza propia y alcanzando el estado de Buddha.

 

Esta técnica de “apuntar directamente” constituye el sabor especial de la filosofía Zen. Es típico de la mente japonesa, que es más intuitiva que intelectual y que le gusta entregar los hechos como hechos, sin comentario alguno. Los maestros Zen no son adeptos a la palabrería y aborrecen todo tipo de teorización y especulación. De esta manera desarrollaron métodos que apuntan directamente a la verdad, con acciones y palabras repentinas y espontáneas, que exponen paradojas del pensamiento conceptual y, como los koans, están orientados a parar el proceso mental del pensamiento, preparando así al estudiante a la experiencia mística.

 

El Zen siente que el fuego está caliente y el hielo frío.

 

LOS KOANS DEL ZEN

 

Los Koans del Zen son famosos porque cuentan historias que impactan la mente, que revolucionan los conceptos aprendidos. Son frases frente a las que la mente se estrella y, como no puede solucionar su paradoja siguiendo esquemas conceptuales, tiene que abrirse a la intuición. Entonces puede darse la iluminación.

 

Maestro, ayúdame a encontrar la liberación. 
– ¿Y quién te tiene prisionero?
 – Nadie
– ¿Por qué buscas la liberación entonces?.

 

 

– Maestro, ¿qué haces tú para estar en el camino verdadero?.
– Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo. 
– Pero esas cosas las hace todo el mundo.
– No es cierto. Cuando los demás comen piensan en mil cosas a la vez. Cuando duermen, sueñan con mil cosas a la vez. Por eso yo me diferencio de los demás y estoy en el camino verdadero.

 

 

– Maestro, ayúdame a encontrar la verdad.
– ¿Percibes la fragancia de las flores?
. – Sí.
– Entonces no tengo nada que enseñarte.

 

El Zen quiere enseñarnos para llegar a la Verdad sobran los artificios porque la verdad está ahí mismo, sólo para quien quiera verla.

 

– Maestro, ¿qué es la verdad?. 
– La vida de cada día. 
– En la vida de cada día sólo aprecio las cosas corrientes y vulgares de cada día y no veo la verdad por ningún lado. 
– Ahí está la diferencia, en que unos la ven y otros no.

 

El Zen quiere enseñarnos que la verdad es algo natural, que no hay que complicarse mucho la existencia para llegar a ella, que es necesario recobrar la naturalidad.ad de la vida y del ser.

 

– Maestro, ¿cómo haré para encontrar el sendero?. 
– ¿Escuchas el ruido del torrente?. 
– Sí. 
– Ahí está la puerta.

 

Para recobrar la naturalidad perdida hay que vaciar la mente, hay que dejar atrás todos los conceptos. Entonces la realidad se nos mostrará. Muchas veces estos koans o pequeños cuentos, nos hacen sonreír con humor, nos enseñan que el verdadero camino reside en lo más sencillo.

 

– Maestro, ya no tengo nada en mi mente, ¿qué debo hacer?.
– Tíralo fuera.
– Pero si ya no tengo nada en la mente. 
– Tíralo fuera.

 

El proceso no es sencillo porque la mente es poderosa y se aferra a las ideas, al pasado, a lo aprendido, la mente se agarra a sus contenidos porque ellos le dan su razón de ser. Por eso hay que insistir, hay que seguir adelante con fuerza y con voluntad, con coraje y con valentía, hay que seguir en el sendero de comprender la realidad con una mente desnuda de ideas, como la de un niño, sin juzgar las cosas, sin juzgar el mundo, sin juzgar la realidad. La mente está atrapada en la dualidad de la vida. La mente sirve para juzgar, para clasificar, para diseccionar, para ordenar, la mente sirve para muchas cosas pero no tiene la solución ni las claves de la vida, porque estás están más allá de la mente.

 

Como la mente no tienen las soluciones de todo, como sus condicionamientos culturales son generalmente una trampa, el Zen ha insistido siempre en derribar los muros de la mente. Para eso surgieron los koans. Pueden ser un método útil para bloquear el razonamiento discursivo y la capacidad especulativa de la mente, entonces podemos ir más allá de la lógica y abrirnos al poder de la intuición; pero está claro que los koans tienen sus peligros para “mentes” que se apegan a los contenidos, que no saben ir más allá de las formas y las apariencias, que no pueden comprender el profundo sentido provocador del Zen.

Para conseguir eso, los maestros zen han usado los métodos más extraños y sorprendentes. Trata de que experimentemos directamente la fuerza de la vida sin que nos separe de ella todo el artificio de la mente. La esencia del Zen huye de todo artificio. Busca la vida natural, la plena consciencia, el vivir cada día y centrarse en el presente libre de juicios, prejuicios, dogmas e ideas preestablecidas.

Las cadenas más difíciles de romper son las que, sin darnos cuenta, llevamos en nuestra propia mente.

 

Maestro. ¿Tengo razón en no tener ideas?
– Desecha esa idea
– Os he dicho que ya no tengo ideas, ¿qué podría desechar?
-Desecha la idea de que no tienes ideas.

 


COMO TENER UNA ACTITUD ZEN

 

El      El alma del Zen es la sencillez inmediata, de ahí su vitalidad, su libertad y originalidad. El resultado de la práctica es el reconocimiento de que una azada es una azada y no lo es. El Zen está convencido en que nosotros somos demasiado esclavos de la palabra y de la lógica. Tenemos que aprehender un nuevo punto de vista desde el cual se pueda percibir el mundo en su totalidad y la vida en intimidad. El Zen es de naturaleza eminentemente práctica y nada tiene que ver con abstracciones o dialéctica sutil. Para encontrar el camino del Zen en la vida diaria, os explicamos ciertas pautas o métodos que os podrán ayudar.

 Metodo 1 Encontrar la paz en tu vida

 

  • Deja ir todo aquello que no puedas controlar
  • Concéntrate en los aspectos que puedas manejar
  • Focaliza en lo que vaya bien
  • Visualiza resultados positivos
  • Aprecia la jornada.

 

Metodo 2 Aceptar tus sentimientos

 

  • Analiza y canaliza tu ira.
  • Presta atención a tu estrés.
  • Pon a prueba tu reacción ante las situaciones negativas.
  • Intenta no tomarte las cosas personalmente.
  • Sonríe cuando te sientas desanimado.
  • Contrarresta los pensamientos negativos

 

Metodo 3 Dedícate tiempo a ti mismo

 

  • Empieza el día con buen pie.
  • Medita a diario.
  • Dedica algo de tiempo para ti mismo todos los días.
  • Tómate tus actividades con más calma.
  • Duerme bien.
  • Desconecta todos los aparatos eléctricos.

 

La iluminación se puede alcanzar desde cualquier camino, cada uno tendrá que encontrar el propio para llegar a este estado de liberación del sufrimiento.

Para llegar al despertar total, un maestro dijo:

“Debes actuar como un hombre que se ha caído en un hoyo de 40 metros de profundidad. Sus pensamientos milésimos y diezmilésimos se reducen a este única idea “¿cómo salir de este hoyo?”.