La clarividencia es un don con el que se nace, aunque muchas son las personas que lo poseen y no tienen conocimiento de ello. O, no lo tienen suficientemente desarrollado. Sin embargo, podemos asegurar que el don de clarividencia es algo que se puede desarrollar siguiendo una serie de rutinas. Si intuyes que tienes este don y quieres saber cómo puedes desarrollarlo, en este artículo te hablamos de ello.
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La clarividencia, como hemos dicho, es un don con el que se nace. No es como “leer” las cartas del Tarot, que es algo que se puede aprender, sino que es una condición que poseen algunas personas mientras que hay otras que no. Y si no lo tenemos nunca lo vamos a tener. Sin embargo, hay muchas personas que nacen con él, aunque también son muchas las que no lo saben. Y esto es, ni más ni menos, por falta de conocimiento. Por falta de conocimiento de nosotros mismos. Por suerte, los mejores clarividentes lo tienen claro y siempre se prestan a ayudar a aquellos que más lo necesitan; para ello, ofrecen una serie de técnicas ideales para desarrollar esta habilidad innata.
Unos de los primeros ejercicios que debemos hacer es desarrollar la intuición. Como veremos, hay dos tipos de intuición diferentes: la directa y la indirecta. Para desarrollar la intuición directa y poder hacer que las respuestas vengan a nosotros, es esencial trabajarla. Para ello, no hay nada mejor que seguir una pequeña rutina cada día. Lo primero que debemos hacer para desarrollar esta intuición es buscar un espacio relajado en el que podamos estar sin distracción alguna. Luego, debemos empezar a hacer ejercicios de respiración, mediante los cuales podamos tomar consciencia de nosotros mismos. Una vez lleguemos a un estado de paz mental, es momento de hacernos estas preguntas para las que buscamos respuestas. Debemos concentrarnos en una sola pregunta a la vez y tenerla en mente. Esperar. Y veremos cómo, en un momento dado, esta respuesta llega a nosotros.
Esta práctica debemos realizarla a menudo para irnos entrenando, pues es esencial que repitamos el proceso para que nuestra mente lo normalice. A cuanto más lo hagamos, más fácil nos irá saliendo con el tiempo.
Hemos dicho que había dos tipos de intuiciones y, ahora, os vamos a hablar de la intuición indirecta. Esta intuición se trabaja un poco más diferente a la directa, aunque es un poco más complicada. Para ello, debemos seguir los primeros pasos para llegar a una buena concentración y, luego, en vez de buscar respuestas, pensar en las preguntas y crear un símbolo. Sí, debemos dar a nuestra respuesta un símbolo y buscar, después, toda la información sobre él. Como sucede con la otra intuición, puede que nos cueste un poco que estos símbolos aparezcan, pero lo harán.
Las dos intuiciones pueden trabajarse por igual, aunque siempre habrá una que dominemos más que la otra. No es necesario dominar ambas de ellas, por lo que podemos quedarnos con una de ellas y centrarnos en potenciarla.
La visualización es otra técnica mediante la cual podemos desarrollar nuestra clarividencia. Para trabajarla, debemos situarnos en un entorno de paz y de tranquilidad, de modo que podamos conectar con nuestro ser. Cuando estemos en este estado, debemos hacernos una pegunta y visualizarla. Con esta imagen en mente, debemos pensar en símbolos que nos evoquen a ella y, cuando tengamos uno claro, deberemos anotarlo en una hoja de papel. Por último, ya solo nos queda buscar el significado de este símbolo que, pese a no ser el mismo, encontraremos de similares en muchos libros de signos, así como también encontraremos su significado.
Si tenemos miedo a las cartas, al futuro o a las respuestas que nos puedan salir, entonces será complicado que estas nos den las respuestas que estamos buscando. Por ello, las respuestas deben ser claras, concisas y muy bien meditadas.
También es importante llevar un diario con todo lo que hacemos y cómo vamos avanzando, pues solo de este modo podremos valorar si lo que estamos haciendo nos funciona o si, por el contrario, nos iría bien cambiar las estrategias.
Por último, es importante que la preguntas que hagamos sean claras y concisas, pues de otro modo, las respuestas también serán ambiguas y, por ende, tendremos la sensación de que no avanzamos cuando este, en realidad, no sería el problema.
Desarrollar la clarividencia es, pues, algo que se puede hacer si sabemos cómo hacerlo. Con estos pequeños trucos que os hemos dado, veréis cómo avanzaréis rápidamente y mejoraréis en vuestra habilidad innata que os ha sido regalada.